
Los asistentes a la feria se animaron a comprar trufas.Foto: alex larretxi
campezo. La trufa negra de Álava ha dejado de ser un producto gastronómico mirado con un cierto recelo por los consumidores para ser aceptado como "un elemento más de la cocina tradicional" del territorio. Al menos, ésa es la conclusión a la que llegaron los miles de visitantes que invadieron ayer Santa Cruz de Campezo para disfrutar del mejor homenaje posible al hongo más deseado.
Las expectativas de los organizadores de la I Feria de la Trufa eran enormes, pero ayer comprobaron que se habían quedado cortos. Y eso a pesar de que las temperaturas no acompañaron el paseo. Cerca de 2.500 personas llenaron las calles de la capital de Montaña Alavesa para asistir a una convocatoria que tenía más de didáctica e informativa que de los contenidos habituales de cualquier fiesta gastronómica, txokos con productos variopintos a la venta. Aun así, fue un éxito.
Eso sí, se notó que era domingo, porque la feria no comenzó con tono madrugador. A las 10.45 horas todo estaba listo para recibir a los visitantes, incluida una unidad de DYA ubicada en el casco urbano de Campezo y atenta a cualquier situación adversa. A partir de las 11.00 horas comenzaron a llegar tímidamente los primeros visitantes y, sólo 30 minutos después, era una auténtica avalancha la que ocupaba los numerosos lugares habilitados para aparcar en las afueras de la localidad, donde vecinos de la junta administrativa organizaban el tráfico para evitar esperas innecesarias a los conductores.
La primera cita estuvo en el frontón de Santa Cruz, donde una docena de puestos exhibió una representación singular de algunos de los alimentos naturales que se producen en nuestro territorio. Así, los visitantes pudieron conocer el aceite de Álava, de la mano de la asociación El Olivo, los productos que envasan los apicultores de Montaña Alavesa, una muestra de txakoli, las patatas que hace una semana celebraron su fiesta anual, el queso Idiazabal y hasta la sidra, producto que se espera producir en Montaña Alavesa en breve plazo de tiempo. En este momento, los interesados están a la espera de los primeros resultados del experimento que se está realizando en Valle de Arana.
Frente a estos txokos, otra hilera mostró el mundo de la trufa y de sus posibilidades. El propio hongo y diferentes platos elaborados con él y envasados compartieron espacio con una muestra de plantas micorraizadas que los visitantes podían adquirir para tratar de lograr el preciado hongo en sus terrenos.
de búsqueda con los perros Próximo al frontón, un aroma penetrante despertó los sentidos de todas las personas que pasearon por la mañana por la calle. Y no era para menos. Un grupo de asociados de Slow Food de Araba preparó los platos-degustación que posteriormente fueron utilizados en el Laboratorio del Gusto y, también, los que se repartieron en la plaza, en una degustación popular.
La verdadera avalancha de visitantes se produjo a las 11.30 horas, cuando arrancó la excursión a un monte cercano para mostrar las habilidades de los perros amaestrados en la búsqueda de trufas. Cientos de personas siguieron a los perros, que olfatearon los pies de los árboles y expresaron un gran alborozo cada vez que, nerviosos, escarbaron con las patas delanteras en la tierra. Esa misma agitación volvió a repetirse cuando los cuidadores extraían del suelo el hongo.
Entre los seguidores de estos rastreadores hubo ilustres visitantes: el diputado de Administración Foral, Claudio Rodríguez; la diputada de Agricultura, Estefanía Beltrán de Heredia; el candidato al Congreso de los Diputados Emilio Olabarria; el presidente de la Cuadrilla de Campezo-Montaña Alavesa, José Ignacio Sáenz Castillo, y algunos alcaldes de la zona.
Mientras tenía lugar el recorrido, una txaranga recorrió las calles de Santa Cruz. Y, al mismo tiempo, una verdadera multitud hacía cola para intentar lograr uno de los pases para acceder al Laboratorio del Gusto, una iniciativa singular que se celebró en la Casa de Cultura.
teoría y práctica Éste fue el momento más solemne de la mañana: cuatro filas de mesas, para poco más de cien personas, que escucharon, en primer lugar, las explicaciones del conductor del acto, Alberto López de Ipiña Samaniego, presidente de Slow Food Araba. Por las mesas desfiló, en primer lugar, el vino trufado. Después, se hizo una comparativa entre el huevo trufado y el no trufado y, finalmente, se degustó el cordero ecológico cocinado con trufa. Además, se explicaron los trucos del maridaje entre los productos y el moderador animó a los asistentes a expresar sus valoraciones. Algunos se atrevieron, como el teniente de diputado general.
Por su parte, los responsables de la cooperativa insistieron en la importancia de promocionar el consumo de la trufa y de ampliar la superficie destinada a este producto. Confían en que la trufa negra se convierta "en un elemento para el desarrollo de la comarca, en el marco del respeto medioambiental que todos deseamos para esa zona".
En el frontón, participantes del concurso de pintxos demostraron su apoyo a esa filosofía. Y los visitantes también lo hicieron con la degustación popular. Cordero y albóndigas acompañados por puré de patatas concentraron a una gran cantidad de personas en la plaza, frente al Ayuntamiento. Ese acto puso el broche de oro a una feria que "se repetirá" en años sucesivos, como adelantaron los organizadores, y que ayer sirvió para hacer más "familiar" el consumo de trufa negra de Álava.
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