
vitoria. El Departamento de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco tardará un año en conocer en detalle el gasto que supondrá a las instituciones vascas financiar los servicios sociales de carácter universal. Esos doce meses son el plazo estimado para elaborar una primera cartera de prestaciones exigibles por los ciudadanos, que vendrá acompañada de su correspondiente memoria económica. Ayer el consejero de Asuntos Sociales, Javier Madrazo, no quiso aventurar una estimación sobre la capacidad financiera que deberán reservar las instituciones para respaldar ese derecho universal, contemplado en la futura Ley de Servicios Sociales.
El apoyo del PSE al texto del Gobierno Vasco, que equiparará a Euskadi con países como Alemania o Francia y convertirá este tipo de asistencia en un derecho subjetivo reclamable ante los tribunales, prácticamente garantiza su aprobación en lo que queda de legislatura, aunque aún quedan muchas cuestiones por concretar.
La principal de ellas, cómo sufragarán las instituciones vascas un sistema social que garantiza por ley plazas en residencias de mayores o en albergues para transeúntes, ayuda a domicilio, teleasistencia, mediación familiar o atención psicológica ante la violencia de género.
Se trata, como aseguró Madrazo, de que los servicios sociales vayan más allá de la atención a "personas excluidas o marginadas" y constituyan un derecho generalizado, independientemente de las rentas de cada habitante de Euskadi, sea inmigrante empadronado o natural de la Comunidad.
Semejante revolución del sistema de asistencia, que se equipara en cuanto a cobertura a las pensiones, la educación y la sanidad, exigirá una reordenación (y seguramente una ampliación) de las plazas disponibles en residencias o del personal que trabaja en el sector de los servicios sociales. En definitiva, al Gobierno Vasco le toca analizar en profundidad qué necesidades tiene la Comunidad en el ámbito social.
El copago es la fórmula que contribuirá a aliviar las arcas del Gobierno Vasco, las diputaciones y los ayuntamientos para hacer frente a esos gastos. Así, los vascos pagarán parte de los servicios sociales de los que hagan uso, en función de su renta individual y dejando excluida la vivienda habitual, siempre que no sea de "carácter suntuoso", un término aún por concretar. Por ejemplo, todo el mundo tendrá derecho a acceder a una residencia de mayores pública o concertada, aunque atesore una auténtica fortuna, pero su cuota mensual no será la misma que la de una persona sin recursos económicos.
El catálogo inicial de servicios se irá ampliando con un primer horizonte de cuatro años, y se espera que en dos legislaturas se desarrolle completamente la Ley. Esta se sustenta sobre esa cartera de prestaciones y sobre el copago, pero también sobre la coordinación, una de las principales taras del actual sistema social vasco. Así, se creará un Órgano Interinstitucional encargado de regular y coordinar el sistema, sin atender a diferencias entre municipios y territorios. >d.n.a.
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