Diario de Noticias de Álava

Colaboración

¡Sí da!

por Andoni Pérez cuadrado enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

los muchos años transcurridos, las múltiples llamadas a la prevención, los medios sanitarios que tratan de paliar el problema del sida, la información sexual hasta en la sopa, etc... no parecen encontrar solución a tan monstruosa enfermedad, que en su aparición alarmó de tal modo a toda la sociedad que obligó a las autoridades mundiales a tranquilizarnos, exponiendo que los grupos de riesgo estaban localizados, siendo el de la homosexualidad y la drogadicción los principales.

Dada la duración del mal y visto el presunto fracaso para ponerle freno, sus víctimas y los augures de entonces parecen haber encontrado una especie de panacea; incluirnos ahora a todos en grupos de riesgo, por aquello del mal de muchos... Así como un abstemio jamás llegará a emborracharse, a quien no juega a la lotería tampoco le tocará en suerte, por lo que hace falta explicar claramente quiénes entran dentro del grupo de riesgo y aquí podemos distinguirlos en dos; responsables e irresponsables. ¿No quedamos en que quienes tratan de erradicarla, presumen de haber facilitado medios e información a porrillo? A cada paso nos lanzan anuncios para prevención de accidentes de tráfico, del rechazo a las drogas o al alcohol, violencia escolar o de género, etc., para volver a incidir en los mismos avisos, dado que los problemas que tratan de erradicar se siguen repitiendo.

¿Cuáles son las causas del fracaso?; simple y llanamente la actitud adoptada por cada persona: su libertad para optar por la responsabilidad y solidaridad hacia los demás, o pasar olímpicamente de todo ello, por lo que homosexuales, drogadictos o hemofílicos pueden llevar incorporado un peligro adicional, pero no determinante, dado que la mayoría de ciudadanos soslayamos esos peligros, basados en razones o principios que nos hacen rechazarlos por peligrosos, ya sean morales, éticos o simple temor a sus consecuencias físicas.

Dado que ciertos políticos han encontrado la piedra filosofal del laicismo como remedio de todos nuestros males, apechuguemos con todas sus consecuencias. El ser humano se compone de cuerpo y espíritu; apartado éste, todos los esfuerzos de los gobiernos de turno se vuelcan en la materia: calidad de vida, belleza, salud eterna, gustos, pasiones, espectáculos que eviten el estrés... lo que lleva a parchear cualquier problema: ¿delincuencia?, la cárcel. ¿Drogadicción?, costosos tratamientos pagados con los impuestos de todos. ¿Divorcios?, casas de acogida. ¿Niños maltratados o abandonados?, residencias. ¿Inmigrantes?, ghetos o devolución a sus países y así hasta el infinito.

Puesto que estoy tratando del sida y el consabido debate sobre el uso o abuso del preservativo como la mejor solución contra el contagio, debo rechazar por injusta la idea de encontrar responsables en cabeza ajena, y qué mejor que la Iglesia Católica, formada por seres extraños, ignorantes y retrógrados, meapilas que hacemos la vida imposible a todo quisque.

Lo mejor es atizar a dicho colectivo como culpable de todos los males, cuánto más del odioso sida. Se ha llegado a escribir que el Vaticano es el culpable de los miles de fallecidos en el continente africano. Lo que jamás dirán que esos gobiernos que se escandalizan por semejante aberración no aplican un sólo centavo a su sanidad o que las multinacionales farmacéuticas no permiten que sus productos se abaraten.

Y aquí entra en acción la solidaridad cristiana: acogida y atención a los rechazados, precarios hospitales o casas de acogida sin preguntar origen ni condición de los enfermos, esfuerzos sobrehumanos por llevar un mínimo de dignidad a los tales, ser sus voces nunca escuchadas en el primer mundo.

Se nos acusa de ofrecer soluciones imposibles, de no abordar con valor el problema. Para empezar, debieran aceptar como incontrovertible el hecho de que la única solución contra el mal es la abstinencia. ¡Vaya! ya ha salido la bicha. ¿Qué esperan de nosotros, soluciones científicas? Qué más quisiéramos que poder aportarlas.

Prefieren silenciarnos y cargar sobre nuestros hombros todos sus fracasos. En pura justicia ¿por qué no investigan en otros grupos, o es que acaso somos tan malos?

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