
Maquina de radioterapia para tratar cánceres.Foto: iban aguinaga
El cáncer colorrectal cuenta con un alto nivel de prevalencia en las sociedades occidentales, una realidad apoyada en que la patología no viene acompañada de síntomas graves en sus estadios más iniciales. Un enemigo silencioso que cuenta, eso sí, con unas expectativas muy positivas si se detecta precozmente. Este objetivo intentará lograrse desde la red pública con la puesta en marcha del programa de detección del cáncer de Osakidetza, aunque los pacientes, como es lógico, también deben poner de su parte para frenar la aparición del tumor, adoptando una dieta equilibrada que facilite al máximo el tránsito intestinal.
El cáncer de colon y recto provoca que las células malignas se acumulen en la porción intermedia y final del intestino grueso, un lugar de tránsito de sustancias de desecho propicio para la aparición de un tumor. Cuando lo hace, tiene una larga evolución.
Comienza con la formación de un pólipo de carácter benigno, un bulto que se forma junto a alguna membrana corporal. Una vez desarrollado, en su fase más avanzada, las molestias más frecuentes que aparecen en el paciente son los cambios en los ritmos intestinales, estreñimiento, diarrea, sensación de vientre lleno, sangre en las heces, cambios de consistencia en las mismas, dolores abdominales, pérdida de peso sin causa aparentes, pérdida de apetito, vómitos, cansancio constante...
prevención La extracción de los pólipos benignos, a partir de los cuales se originan algunos tipos de cáncer colorrectal, puede ayudar a prevenir la aparición de la enfermedad, al igual que la citada detección precoz. La predisposición genética aparece también como una de las causas de su aparición, por lo que es recomendable que los pacientes con familiares que son o han sido afectados por cáncer colorrectal se sometan periódicamente a exámenes médicos.
Para evitar la aparición del cáncer puede ser muy beneficioso no abusar del alcohol ni del tabaco, evitar el sobrepeso y el exceso de calorías en la dieta, mantener una actividad física adecuada a la edad y realizar ejercicio físico de forma regular. Respecto a los hábitos alimenticios, constituyen un importante factor preventivo no abusar de comidas ricas en grasas ni de carnes rojas, incluir en la dieta el pollo y el pescado, incorporar también alimentos ricos en fibra y aumentar la ingesta de frutas, verduras y legumbres.
Además, un estudio reciente del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU también dictaminó que la ingesta de calcio proveniente de productos lácteos, como la leche y el yogur, y de los vegetales de hojas verdes ayudaría a disminuir el crecimiento anormal de las células del tracto gastrointestinal y a reducir el daño a la membrana mucosa del intestino grueso.
Una vez que aparece el tumor, los tratamientos no difieren demasiado respecto a otras patologías cancerosas: destacan la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia y la inmunoterapia, técnicas que por lo general acarrean desapacibles efectos secundarios sobre los pacientes.
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