Diario de Noticias de Álava

De repente, la vida

Adrián Sáez de Arregi, que volvió al ciclismo en junio pasado tras cumplir nueve meses de sanción por consumir un producto prohibido que incluía un crecepelo, regresa al primer plano aficionado

Sáez de Arregi.

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He aprendido la lección. Ahora, cuando enfermo y el médico de cabecera me receta algún medicamento, miro el prospecto para asegurarme de que no tomo nada prohibido. Me he vuelto desconfiado". La revelación pertenece a Adrián Saez de Arregi (Araia, 1986), brillante ciclista, de futuro esplendoroso, que llegó a estar en la órbita del Orbea-Oreka SDA cuando la temporada de 2007 caminaba hacia su ocaso. Había ganado el alavés las carreras de Lizarra y Gernika y la primera etapa de la Bira, la quintaesencia de las pruebas por etapas amateur en Euskadi. Luego, todo se derrumbó. Debacle. En septiembre, Sáez de Arregi recibió una carta de la Federación Española en la que se le notificaba el resultado positivo de un análisis efectuado durante el Campeonato de España de Ciclo-cross, modalidad invernal del ciclismo que el alavés acostumbraba a usar como lija para los músculos. Perfilador. El gimnasio pretérito de los ciclistas. Fue por la sustancia que contenía un producto contra la alopecia. "Fue un error y lo he pagado caro, demasiado. He perdido dos años de ciclismo", lamenta el corredor, a quien le fue levantado el castigo en junio pasado después de que el medicamento utilizado saliese de la lista de productos prohibidos. Cumplió nueve meses de sanción. Una vida perdida.

La recuperó de forma inesperada. En un chasquido. Sáez de Arregi había retomado la bicicleta después de ocho meses disperso, apartado, dolido, en los que trató de construirse un nuevo futuro. Olvidado el ciclismo, sepultada la pasión, empezó a trabajar como técnico de medioambiente en la cuadrilla de Kanpetzu. "Era controlador de reciclaje". Jocoso. Él estaba en ello. Reciclándose. Convirtiéndose. Trataba de sanar una herida que supuraba aún. "Pero era como si ya no fuese ciclista, como nunca lo hubiese sido. Ni siquiera me enteraba de los resultados". De un fuego vivo, empero, quedan siempre los rescoldos. Calor residual. "Empecé a andar otra vez en mayo pensando en salir laguna vez con mis ex compañeros en verano". Entonces irrumpió el sobre. "Fue irreal", evoca emocionado. "Pensaba que jamás volvería, que se había acabado y de repente, me devolvieron la vida", se estremece.

Otro ciclista Recuperó Arregi el dorsal que le había reservado el Caja Rural, equipo que siempre defendió que sólo la inconsciencia llevó al corredor a tomar una producto que, por otro lado, no aportaba ningún beneficio físico que rentabilizaría su rendimiento sobre el asfalto. "Es lo que me queda. Creo que nadie considera que tomé algo ilegal de manera intencionada. Eso me tranquiliza", reflexiona Arregi, un tipo volátil, de moral frágil. Cuenta Eugenio Goikoetxea, director del mítico conjunto navarro, que el alavés es un ciclista triste, de verbo plomizo, al que le cuesta una barbaridad combatir en desventaja. "Es cierto", confirma el propia Sáez de Arregi. "Me rindo fácil. He salido de esta situación, pero ahora pienso que si no hubiera bajado los brazos, si hubiese seguido andando en bicicleta pensando en volver a correr, no habría perdido tanto físico", traza. Su músculo, poderoso antes, ágil, rápido, oportunista, regresó torpe al ciclismo, desacostumbrado. Cuando supo que podía volver, se revolucionó. "Me tragaba la carretera". Se atragantó, sin embargo. "En dos semanas estaba que no podía ni con mi alma". Volvía a sentir. El dolor, la asfixia... Era ciclista de nuevo.

El ciclismo es un deporte desagradecido; un día sin pedalear inutiliza dos de entrenamiento. A Sáez de Arregi había que reconstruirle nueve meses de inactividad, de barbecho. "No he hecho nada especial", reconoce. Ocurre que el ciclismo aficionado, en su ausencia, ha evolucionado de manera extraordinaria. Se ha vuelto meticuloso, estricto, exigente al extremo en la faceta lectiva, la de la preparación. "Me encontré con un equipo cambiado, más profesional. Cuando yo estaba no teníamos los preparadores y dietistas que existen ahora". En busca del trazo perfecto, a Arregi le han moldeado preparación. A las largas sesiones de ritmo pausado a las que acostumbraba, le han sustituido entrenamientos más cortos, rítmicos e intensos; a la preparación invernal de ciclo-cross, el trabajo del gimnasio. "Claro que he notado la inactividad, pero creo que voy cogiendo el ritmo. Al principio, me faltaba fuerza, chispa. Ahora voy mejor".

Lo corrobora Goikoetxea, que destaca su sudor oscuro en beneficio del equipo y el quinto puesto en el Circuito de Pascua de Ororbia que se disputó el pasado sábado. "Aguantó en un grupo de trece corredores y luego se metió al sprint. Le va a venir bien para coger moral. Sigo pensando en que Adrián tiene cualidades, en que puede andar. Pueda dar más", apunta, y el ciclista, parco en palabras, evoca la oportunidad desperdiciada, la que se le escapó por culpa de un maldito crecepelo que arrasó su porvenir ciclista. "Va a ser difícil porque tendré que demostrar más que los demás, pero quizás tenga otra oportunidad de ser profesional", dice.

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