Diario de Noticias de Álava

Euskara lau haizetara

Al andar se hace el camino. Y la carrera. El euskera se abre paso en las pistas y travesías de cada 'korrikalari'. Esta es la historia de cuatro caminantes el día en que su fiesta, la Korrika, culmina en Vitoria por todo lo alto

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no hay Korrika sin korrikalaris . Atletas de la lengua. Unos hacen footing, otros esprintan. Hay quien salta todos los obstáculos, quien pasa el relevo y quien lo recoge. Están los que buscan títulos y los que se lo toman con deportividad. Como meta o como camino. Nicolas Bernies es más quebectarra que quebequés. Amaia Irureta gasta tiza con su lengua materna. Amaia Maestre diluye el mito de funcionario cascarrabias que rellena ariketas sin ganas. José Luis López de Luzuriaga tiene tantas que a sus 66 se atreve con todos los barnetegis. Son euskera cuatro por cuatro.

Amaia maestre: empleada municipal

Mucho más que un perfil

¿Quién dijo que los empleados públicos gruñen entre dientes por cada baldintza ? Los hay que, lejos de obedecer a su sambenito, se enganchan al nor-nori-nork : "¿Euskaraz argitaratu dezakezu nire atala?", indica Amaia Maestre, que sugiere que su testimonio se publique en euskera. Según relata, al contrario que otros compañeros de aula, ella no se conformaba con sólo la asignatura de sus clases de modelo A: "Aunque me apuntaron a un colegio en castellano, en mi casa me inculcaron sensibilidad por el euskera. Siempre me ha gustado aprender, y eso he hecho desde que tengo 20 años: por mi cuenta, en el euskaltegi, en el barnetegi... Hace dos años decidí presentarme a las oposiciones y me dije: bueno, voy a ponerme en serio. Ahora ya tengo el perfil que me piden, pero me estoy preparando el EGA. Es duro, claro, porque supone ir todos los días dos horas a clase, además de trabajar". Pero sarna con gusto no pica. "Y la Administración tiene que ser un ejemplo, un referente". Por eso trata de defender el derecho de los ciudadanos euskaldunes desde los dos lados del mostrador. Cuando está dentro atendiendo al ciudadano (siempre con el dúo Buenos días, egunon - "para que elijan"- ), y cuando es ella la ciudadana. "Pregunto en euskera en las oficinas de atención al público, en los bancos y en los bares. En las tiendas ya... Es otra cosa". Lo suyo no es sólo un PL. "Nik euskaraz bizi nahi dut", expresa.

josé luis lópez de luzuriaga: pensionista

La vocación no se jubila

Su casa de Zalduondo era un particularbarnetegi al que chavales de Zegama iban a aprender castellano a cambio de ayudar a su tío en los trabajos cotidianos. "Todavía me acuerdo de Acísculo, de un tal Bartolo... Yo tendría diez años y, claro, jugábamos juntos. ¡Cómo nos reíamos cuando decían el vaca en vez de la vaca!", relata José Luis López de Luzuriaga. Los alumnos llegados de la cuna del Aizkorri fueron su primera vivencia con el euskera porque, a pesar de que sus dos abuelas eran euskaldunes, ninguna habló a sus hijos en su lengua materna. "Al ganado le llamábamos con nombres en euskera, pero nada más. ¿Pena? En aquellos tiempos todavía no lo pensábamos". Ahora, cinco décadas después (tiene 66), no se pierde unbarnetegi . Le rejuvenece. Los más jóvenes le dicen, "José Luis, geratu! ", para que se tome un trago más en esas chispeantes veladas que suceden a un maratón de idazlana s y entzumena s que a uno le dejan con dolor de cabeza. Este zalduondarra o cacanarro que se instaló en Vitoria después de una épica mili se prepara ya para el próximo intensivo, en Errezil.

Quién se lo iba a decir cuando apuntó a sus hijos a la ikastola Abendaño y, junto a otros padres y madres, se bautizó en el ni naiz, zu zara . Años después, su hija daba clases en un euskaltegi y su sobrina ensayaba sus primeras palabras pidiéndoleura, ura . Él, liberado ya del trabajo "a txanda s" -a turnos- ha vuelto al pupitre. "Los de mi edad tuvimos que ponernos a trabajar a los 14 ó 15, así que no aprendimos la gramática española; por eso la gente joven lo coge antes que yo. Odio los exámenes, sí, los odio. Además la cabeza no rige igual, ¿eh?". El corazón pone lo demás.

Amaia irureta: profesora de AEK

De la cuna a la pizarra

Gasteiz le quedaba lejos. Para ella era "como ir a Burgos". Cuando con ocho años venía desde Urretxu para ir al dentista se giraba en la calle si escuchaba a alguien hablar en euskera, algo tan habitual en su pueblo como infrecuente en la Vitoria de entonces. Diez años después volvió para estudiar Historia. En castellano. No le dieron opción a elegir hasta un año después, cuando se puso en marcha la licenciatura en su lengua materna, a la que se reenganchó. ¿Cómo fue para una joven de 18 años trasladarse del pueblo del Iparragirre que compuso el Gernikako Arbola, a esa ciudad en la que olía cierto aire burgalés?

"En la facultad el ambiente era euskaldun y en el piso viví con compañeros euskaldunes, así que no resultó nada brusco", recuerda Amaia, que en los últimos 23 años ha sido testigo de "un gran cambio" en el escenario lingüístico de Vitoria. Ahora es profesora de AEK y da clases a los funcionarios del Gobierno Vasco: "Uy , hace años los profesores les teníamos bastante miedo a esas clases, porque muchos alumnos estaban a disgusto y era duro tener que enseñarles. Afortunadamente, creo que en general esa actitud ha cambiado", explica. Hay cosas que, sin embargo, no cambian. "En alguna ocasión, cuando he ido con mis hijas pequeñas a una tienda y la dependienta ha oído que hablaban en euskera, me ha dicho: ¡ay, tan pequeñas y qué bien hablan el vasco! Aún persiste la conciencia de la lengua única, y todavía hay gente que no entiende que es nuestra lengua materna". Para esta profesora no es sólo una asignatura.

Nicolas bernies: físico y Lingüista

Acortando distancias

Algo así como un vitoriano aprendiendo corso, sardo o -por ir más allá del océano-, quechua. Nicolas Bernies-Deslauriers estudió Física, Cine y Lingüística en Quebec, donde sus noticias sobre Euskal Herria eran sólo de color negro. Allí conoció a dos euskaldunes que no se resistieron a enseñarle unas palabras "durante las parrandas que celebraban en su casa", relata en euskera impoluto. En castellano se defiende con lo justo porque todavía no ha hincado los codos. "Por ahora no tengo un buen amigo con el que hablar castellano".

En 2004 vino por primera vez a Euskadi, a un barnetegi en Zornotza. Le dio clases una polaca y ahora comparte piso con otra con la que también se entiende en esta lengua. Después de su inmersión estival volvió a Canadá y allí... "¡Otra vez euskaldunes becados!". Poco a poco, las olas le han ido arrastrando a esta orilla. "¿Un idioma difícil? Los idiomas no son difíciles o fáciles. Todos requieren esfuerzo y voluntad", recalca, al tiempo que subraya que en su opinión "obligar a aprender euskera" puede ser contraproducente. "En Quebec dan incentivos económicos a quienes vienen de fuera", comenta. A él no le han concedido un duro. "Sólo quería una beca, aunque fuera de cinco euros, simbólica". Nadie se la dio.

Cuando su madre, de habla francesa, llama al piso de su singular enviado especial, dice: "Kaixo, Nicolasen ama naiz ". Ahora, este joven quebectarra da clases de francés en el Instituto Miguel de Unamuno y es lector en la Escuela Oficial de Idiomas. No le gusta que le digan que lo suyo tiene mérito. "Es, sencillamente, un placer".

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