
Tribuna Abierta
AMÓN Jáuregui, número dos en la lista del PSOE a las elecciones europeas, afirmó en una reciente entrevista que la izquierda abertzale no está en el Parlamento vasco porque no quiere. No cuenta. Y por ello el PSOE ha construido un modelo alternativo al del nacionalismo vasco. Tal vez no le falte razón al histórico dirigente del PSE al realizar estas manifestaciones, pero se equivoca de lleno en una cosa. En lo fundamental. Se equivoca en lo de "no cuenta". Podremos decir de la izquierda radical vasca que no es democrática, que no tienen derecho a representar ni al pueblo vasco ni a ningún sector del mismo, podremos decir mil improperios contra quienes no condenan la violencia, pero no podemos negar la incuestionable realidad de que tienen un fuerte apoyo social que se traduce visiblemente en más de 100.000 votos. Votos nulos o no, pero al fin votos. Y esos miles de votos, suficientes para desequilibrar un parlamento, sí que cuentan. Sirven para sumar o restar, dependiendo de las circunstancias. Sirven para elegir a uno u otro lehendakari. Que se lo pregunten a los jelkides del PNV.
R
Los socialistas se vanaglorian de haber desalojado a los nacionalistas de Ajuria Enea, eso sí contando con la ayuda de la derecha española. Pero si recapacitasen un poco se darían cuenta de que ese desalojo no se habría producido si esos votos de los abertzales hubiesen ido a parar a partidos como PNV, EA o Aralar. Pero como no ha sido así, y una vez constatado que esos votos abertzales han ido, y van a seguir yendo en el futuro, a parar al saco de la basura, los socialistas creen que van a tener durante muchos años las manos libres para dirigir la política en Euskadi. Sus exiguos votos, sumados a los de sus eternos enemigos en España, pueden asegurar, piensan, la Lehendakaritza durante varias legislaturas.
Esos miles de votos abertzales han ido adonde han ido sólo para castigar al PNV, sólo para desterrar durante cuatro largos años de Ajuria Enea a esos pseudonacionalistas que se conforman con el diminuto territorio de las vascongadas. Esos miles de votos que se depositaron en las urnas el 1-M son la prueba de que en este país quienes marcan la agenda política son ellos, los que, sin complejos, reivindican la independencia de todo el territorio vasconavarro.
Han decidido castigar al PNV y premiar a los unionistas españoles. Han decidido con sus votos inútiles la elección de Patxi López en lugar de propiciar la continuidad de Ibarretxe, un nacionalista obsesionado con ideas soberanistas. Quieren ver a los nacionalistas cabreados.
¿Quién entiende a la izquierda abertzale? La única explicación cabal a todo esto puede estar en que buscan que el PNV pierda los papeles, se radicalice y se eche al monte. Como ellos.
En numerosas ocasiones los abertzales han intentado burlar a la justicia camuflándose bajo siglas más o menos legales o inocentes. Si lo han intentado, es porque efectivamente quieren estar dentro de las instituciones. Entonces, ¿a qué esperan para formar de una vez un partido democrático, independentista, abertzale, para construir, si pueden, un Estado vasco desde la izquierda, pero condenando toda violencia y asumiendo plenamente las reglas democráticas?, ¿a qué esperan para desmarcarse de ETA? Esta gente tiene un problema: han estado excesivo tiempo en la clandestinidad.
Esos miles de votos fieles que todavía les quedan han caído en el saco roto de los nulos , pero la próxima vez podrían ir al granero de un partido nacionalista vasco reformado. Mal que les pese a muchos, los radicales siguen decidiendo la vida política del país, y lo más preocupante es que puede tener futuro, un futuro que puede ser esplendoroso en un escenario de paz. Los partidos políticos vascos que componen el actual arco parlamentario saben, temen más que saben, que en un mundo sin ETA la izquierda abertzale duplicaría sus votos situándose previsiblemente entre las dos fuerzas más votadas. Basta comprobar los resultados que obtuvo Euskal Herritarrok, la marca de Batasuna durante la tregua del 98.
En las autonómicas de 1998, EH obtuvo en la CAV 224.001 votos, superando al PSE en 3.949 y obteniendo 43.480 menos que el PP, que fue la segunda fuerza más votada al Parlamento vasco. Un año más tarde, EH fue también la tercera fuerza en el Parlamento navarro con 47.271 votos y 8 parlamentarios, la última ocasión que pudo concurrir a las elecciones forales navarras.
Si durante una tregua, la más larga de la organización terrorista, la izquierda abertzale obtuvo unos resultados espectaculares, nos podemos imaginar los resultados que podrían obtener en un clima sin violencia, en un escenario sin ETA.
El pueblo vasco es muy complejo, con un largo conflicto a sus espaldas que requiere de soluciones valientes y arriesgadas. Pero la premisa primordial, la única válida, es que se disuelva incondicionalmente ETA. Sólo en ausencia de violencia, los vascos tendrían absoluta libertad para votar a las distintas opciones políticas de uno u otro signo: podrían elegir entre varios partidos independentistas de izquierda o de derecha; entre varios partidos unionistas de izquierda o de derecha. Sólo en un escenario de paz, los vascos podrán decidir su futuro. El lehendakari López tiene una magnífica oportunidad para traer la paz. Debe traer la paz.
* Economista
|
|
© DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA
Avda. Gasteiz 22 bis 1ª Oficina 13 · Vitoria - Gasteiz · ÁLAVA ·
Tel 945 163 100 · Fax Administración
945 154 344 · Fax Redacción 945 154 346
Oficina Comercial Calle Portal del Rey, 24 (Esquina calle Paz). Tel 945 201000. Correo electrónico oficinacomercial@noticiasdealava.com