Diario de Noticias de Álava

María Silvestre Cabrera, Directora del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde

"Emakunde tiene que ser una institución abierta a la participación y a lo que otras mujeres quieran aportar"

En el carrusel de cambios radicales en los altos cargos del Gobierno Vasco en el último mes, el turno a la dirección de Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer le ha llegado de la mano de María Silvestre, catalana de nacimiento y bilbaína de adopción tras 20 años de vivir en Euskadi.

La nueva directora de Emakunde en su despacho de Manuel Iradier.Foto: marcos ruiz

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vitoria. Sosegada, tranquila y, al decir de quienes la conocen, defensora a ultranza de sus ideales en torno a los derechos de la mujer, se acerca al nuevo cargo con la etiqueta de independiente políticamente hablando, además de con una actitud de reconocimiento a las actuaciones de las anteriores direcciones de Emakunde en todo lo referente de la igualdad mujer-hombre. María Silvestre, hasta ahora decana de la facultad de Sociología de la Universidad de Deusto y directora desde su creación en 2003 del Máster Intervención en Violencia contra las Mujeres en colaboración con Emakunde, admite que sí se lo pensó a la hora de aceptar, más que nada por razones de propia seguridad, pero que el compromiso público del lehendakari Patxi López en pro de la igualdad le hizo aceptar.

Dice venir en línea de continuidad con lo mucho que se ha hecho en anteriores legislaturas bajo el impulso del anterior lehendakari Ibarretxe y el PNV para llegar a ser pioneros en acciones y legislaciones a favor de la igualdad de oportunidades hombres/mujeres, como se deduce de la aprobación en 2005 de la Ley de Igualdad aprobada en el Parlamento Vasco, que supuso "un auténtico hito".

La directora de Emakunde advierte de que la igualdad sólo se conseguirá cuando se produzca en el ámbito del hogar. Con este hilo argumental, María Silvestre asegura que en su casa, la corresponsabilidad existe. Su marido hace el 60%. De hecho, si no ella no hubiera podido asumir todo lo que ha hecho.

Puede padecer un tópico. ¿Sigue siendo necesario que exista una estructura administrativa como Emakunde? Sobre todo teniendo en cuenta que es un gabinete que dice que hace austeridad de cargos.

Creo que es necesario. El Instituto de la Mujer-Emakunde, o cualquier otra organización que luche por la igualdad, es un instrumento para llevar el feminismo a las instituciones. Es el feminismo institucional que ha tenido un corto pero merecido recorrido. El instituto y el feminismo tendrán que ir adaptándose a las necesidades que vayan surgiendo porque los retos cambian. Ahora es mucho más fácil entrar en las instituciones con el discurso de igualdad. Esto es posible porque existe el Instituto y también a la Ley de Igualdad. Uno de los principales objetivos que nos marcamos desde Emakunde es velar por el cumplimiento de esa ley; evaluar su cumplimiento, estudiar el impacto que tienen las políticas de género a nivel de Gobierno y, en la medida que se pueda, en otros órganos ya no tan vinculados en la Administración. Éstas son mis prioridades como directora de Emakunde.

Organizativamente, ¿seguirá dependiendo de la Lehendakaritza o van a cambiar el organigrama?

Depende de la Lehendakaritza. Nadie me ha comunicado que vaya a haber cambios. Así que yo asumo que sigue como está. Emakunde tiene que ser una Institución abierta a la participación y a lo que quieran aportar las mujeres.

Rodolfo Ares ha creado una Oficina de Atención a las Víctimas de Género. ¿Actuarán en conjunto o se solaparán las funciones?

Trabajaremos muy en conjunto. De hecho, la persona que estará en la dirección es Mariola Serrano, que viene también de la Universidad de Deusto y me coordinaré con ella. La nueva Dirección no entra con la intención de quitar nada a nadie; se crea en Interior para ofrecer un servicio a las mujeres víctimas asumiendo que el problema de la violencia de genero está basado en la desigualdad. Emakunde va a tener competencias importantes también en esta materia, sobre todo, en temas de prevención, formación y en algunos niveles de coordinación. Este tipo de violencia es un problema social muy grande que está acabando con la vida de muchas mujeres y que está perjudicando física y psicológicamente a otras tantas; tiene que haber una respuesta institucional mayor. Personalmente que desde Interior se haya asumido esta responsabilidad, con asignación de recursos y personal, me parece muy positivo. Además, no se restará competencias a Emakunde.

¿Qué objetivos se marca para Emakunde en estos próximos años?

La prioridad es velar por el cumplimiento de la Ley de Igualdad en el ámbito de la Administración y no sólo eso, sino tratar de establecer instrumentos de mejora a través de una buena planificación y de una serie de indicadores que permitan evaluar el impacto que a nivel de género tiene la introducción de determinadas medidas. Es una legislación nueva que está empezando a implementarse con un cuarto Plan de Igualdad que es muy bueno con relación a los anteriores y que es el primero que ha entrado después de la legislación y, por tanto, obligatorio, y que ha introducido algunos indicadores a la hora de medir la consecución de objetivos. Creo que tenemos que ir por esa vía; debemos de operacionalizar los diferentes planes de igualdad; establecer indicadores que nos permitan no sólo planificar e implementar las medidas de igualdad, sino evaluar el efecto que tiene a nivel de género, porque eso nos dará la vía para la mejora continua.

En lo laboral persiste la discriminación en los contratos y los ascensos en la empresa privada. ¿Cómo atajarlo? ¿No cabría que la consejería de trabajo hiciera también una Dirección contra la discriminación?

Todos los departamentos han introducido la figura de los técnicos de igualdad para la consecución de la Ley de Igualdad. Y es que la norma recoge también toda una serie de medidas para atajar la desigualdad laboral. Es más difícil conseguirla en el ámbito privado, aunque ya existe una legislación que penaliza la discriminación. ¿Qué más se puede hacer? Mucho y a diferentes niveles. A corto plazo, estar detrás de la discriminación real en el acceso al trabajo de las mujeres, o que se despenalice el hecho de que vivan en pareja o estén casadas o vayan a tener hijos... Esto se solucione con la legislación; hay unos derechos adquiridos y nadie puede saltárselos. Otra cuestión más compleja es que asociemos la conciliación de la vida familiar sólo a las mujeres. Lo hacemos por herencia cultural, por el proceso de socialización, por lo que en nuestra sociedad se entiende que es ser madre/padre; son dos papeles sociales distintos. Hasta que no equiparemos el grado de responsabilidad que tiene el padre/madre en la crianza de los menores, será difícil que la mujer no sea la que esté continuamente conciliando, reduciendo la jornada, llevándose una menor retribución económica y perjuicio social. Esto no se logra por ley; es una cuestión cultural, de reparto de roles, de nueva definición de concepto de género.

En los últimos ataques de violencia se aprecia que la presencia en mujeres inmigrantes es mayor que las autóctonas. ¿Tendrán en cuenta esto? ¿Cómo lo combatirán?

Es cierto que el porcentaje de mujeres inmigrantes que sufren maltrato es mayor en relación con el porcentaje de población inmigrante. Ese dato no puede solapar y no sacar a la luz que hay un porcentaje muy grande de mujeres autóctonas que están sufriendo maltrato por hombres. El problema lo tenemos todas. Con el tema de la inmigración yo creo que sí que hay que actuar. Estas mujeres sufren una doble discriminación por el hecho de ser mujer e inmigrante. Y vienen con un patrimonio cultural y una tradición mucho más machista, mucho más patriarcal donde la relación de pareja está basada en el concepto de la propiedad. Aquí se les abre un mundo de oportunidades; otra cultura, otros valores. El nivel de enfrentamiento que hay en su pareja es mayor, porque su tradición aún es más machista y patriarcal. Habrá que ver lo que ocurre con los de segunda generación: niños que están educados aquí, con unos valores distintos a los de casa, y ver cómo se produce esa adaptación.

Se habla de igualdad ante la administración, pero en el hogar brilla por su ausencia. ¿Qué tienen pensado fomentar? ¿Flexibilidad de horarios, licencias paternales…?

Estoy convencida de que la igualdad entre hombres y mujeres no será efectiva hasta que no haya una igualdad efectiva en el ámbito privado; hasta que no se consiga de forma real la corresponsabilidad en la casa. En ese momento, las mujeres tendrán las mismas oportunidades que los hombres. Ahora existe una igualdad de hecho, de ley. Pero no una igualdad de oportunidades porque no hay reparto igualitario en el ámbito privado. La corresponsabilidad no llega sólo con leyes. Se consigue con los valores, la educación, con los mensajes, la sensibilización, con otras medidas. Un elemento clave es que la igualdad no implica que hombres y mujeres seamos iguales; somos distintos. Lo que no creo que tengamos que admitir es que esa diferencia se construya como una desigualdad como hasta ahora.

Los adultos hablamos de igualdad y nos lo planteamos. ¿Cómo se corta que gente de 18 años siga transmitiendo valores de discriminación?

Los adolescentes en sus relaciones de género reproducen los mismos estereotipos de los adultos. Algo estamos haciendo mal, porque no somos capaces de salvar esa relación desigual; la concepción del amor romántico que es una falsedad, de los celos como una característica de mayor querencia cuando es una patología en la relación. El problema es que no sólo educamos en la escuela y en casa. La socialización nos viene de otros agentes: el cine, la publicidad, la TV... Necesitamos una revolución cultural tan grande que es demasiado ingenuo pensar que en una o dos generaciones se va a lograr. Hay que recordar que a principios del s. XX, la mujer no tenía el voto. Por lo que vamos a darnos un tiempo.

Destacados
el protagonista
carné de identidad
Edad. 42 años.
Lugar de nacimiento. Barcelona.
Familia. Casada. Tiene un hijo y una hija.
Carrera profesional. Doctora en Sociología por la Universidad de Deusto. Trabajó en la Universidad Pública de Navarra, pero su carrera está ligada a la universidad bilbaína donde ha sido directora del Máster de Intervención en Violencia contra las Mujeres, que puso en marcha en 2003 con Txaro Arteaga, la primera directora de Emakunde.
LAS FRASES
"Mi reto principal es velar y también evaluar el cumplimiento de la Ley de Igualdad"
"Trabajaremos en conjunto con la Oficina que Rofolfo Ares ha creado en Interior"
"En aras al respeto de la tradición en Hondarribia e Irun no se debe tolerar la discriminación"
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