
Una persona con enfermedad mental anda por el psiquiátrico.Foto: a.l.
vitoria. Nadie está libre de padecer una enfermedad mental. Surgen, como el resto de patologías, de improviso. Eso sí, cuando llegan acostumbran a golpear con dureza inusitada a quien las sufre y al entorno de estos, indefensos y estigmatizados ante el resto de la sociedad por el rechazo y el miedo que generan estos males. Sin embargo, pese al recelo hay evidencias para un optimismo matizado. No en vano, cada vez son más afectados y familiares los que rompen las ataduras impuestas que les ligan al ostracismo y a la clandestinidad y se animan a pedir ayuda. Los datos indican que el año pasado más de un millar de allegados y afectados con alguna enfermedad mental acudieron a buscar ayuda al ámbito asociativo. Allí encuentran colaboración en forma de talleres, salidas culturales, asesoramiento jurídico, inserción en el mundo laboral, apoyo a las familias y grupos de autoayuda para los usuarios.
Estos datos reflejan que cada vez son más las personas que se deciden a solicitar apoyo y que reconocen que sufren o conocen a alguien que padece una enfermedad mental. Por ello, adquiere una gran importancia la labor de sensibilización social, que permite conocer mejor el día a día de los afectados y desmitificar tabúes que, hasta ahora, les aislaban.
La labor de campo atiende, especialmente, a los más jóvenes. Al respecto, asociaciones como la Alavesa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Asafes), aplican planes de concienciación a alumnos de secundaria -el año pasado llegaron a 1.153 estudiantes-. Estas charlas de tres horas se realizaron en 17 centros de toda la provincia con la pretensión de aclarar dudas y romper mitos entre los más jóvenes sobre este tipo de patologías. Talleres similares se volverán a ofertar el año que viene, sobre todo, por la demanda existente, en parte, por las peticiones de los profesores que cada vez son más conscientes de que se encuentran al frente de un colectivo potencial y susceptible de sufrir alguna de estas patologías.
No en vano, la aparición de las enfermedades mentales se da mayoritariamente entre los 16 y 25 años y se hace importante saber identificar los síntomas que éstas producen. Así, en los talleres, se habla de sensibilización y prevención a partir de un material elaborado por Asafes. Luego, llegan las preguntas donde se demuestra que esta información es más que necesaria y les ayuda a relacionar los síntomas con personas que conocen y no sabían que los padecieran. "Al principio, no consideran que es una enfermedad, ni que les pueda pasar", explica la psicóloga Elena García.
"Lo que más les llama la atención es que son personas normales", explica su compañera Joana Díaz de Alda, también de Asafes. En ese sentido, una cosa que les sorprende es la relación que las enfermedades mentales tienen con las drogas, "no como causa sino como detonante", según aclaran. Y es que la posibilidad de que el consumo de porros pueda precipitar uno de estos trastornos es algo que la mayoría de los jóvenes ni siquiera puede imaginar.
Pero tan importante es la labor de sensibilización en los centros como en edades más avanzadas. Sobre todo, en las zonas rurales donde a menudo sufrir alguna de estas enfermedades equivale a ser repudiado. Esta realidad se hace todavía más dura en núcleos de población pequeños donde se puede acabar en una situación de aislamiento casi absoluto.
Por ello, hace dos años se decidió extender los programas de charlas y talleres a la zona rural con excepción del Valle de Ayala, donde trabaja la asociación Asasam. El resultado no ha tardado en llegar: los usuarios que se han acercado a Asafes desde los pueblos se han triplicado en este tiempo.
Y es a pesar de que las charlas sobre diversos temas relacionados con este asunto en varias localidades no están orientadas específicamente a posibles casos de enfermedades mentales, lo cierto es que sirve de guía para reconocer las patologías y ofrecer ayuda para hacerles frente.
De momento, el año pasado acudieron una media de 32 personas a cada charla, aunque hubo lugares en los que esta cifra se multiplicó, como en el caso de Agurain.
l Socios. La Asociación Alavesa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Asafes) cuenta con 457 personas socias, aunque en realidad son muchas más las que recurren a sus servicios. Fue fundada en 1976 y, desde entonces, ha trabajado para sensibilizar a la sociedad y ayudar a los afectados y su entorno con la ayuda de las instituciones. l Voluntarios. El pilar fundamental de Asafes son los alrededor de 40 voluntarios, no todos en activo siempre, y los diez colaboradores con los que cuenta. Además, la Junta Directiva de la asociación está formada por ocho familiares y personas con enfermedad mental que no reciben remuneración económica. Hay 15 profesionales en plantilla y otros seis externos que se ocupan de que los talleres salgan adelante. l Actividades. Los usuarios pueden acceder al club psicosocial donde se organizan diversos talleres de lectura, escritura o manualidades, entre otros. Además, también cuentan con un grupo de autoayuda donde encuentran un espacio de desahogo. Los familiares pueden acudir a las charlas informativas y al grupo de autoayuda. También hay departamento jurídico y de empleo.
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l Implicados. Son las personas que trabajan en la Asociación Alavesa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Asafes), entre socios, miembros de la Junta Directiva, profesionales, voluntarios y colaboradores.
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