
José Miguel Bully e Isabel Martinez, concejales del Ayuntamiento.
La cueva se presenta enigmática. Desde su inicio hasta su fin. Hay que entrar con cautela y, casi, se pide perdón con cada palabra que se expresa y que retumba en el recinto cuaternario. Sin embargo, unos pasos más adentro descubren una lámina de agua transparente como pocas. Es el nacedero del Gorbea, y primer destino de la tradicional visita de aguas que concejales gasteiztarras y periodistas completaron ayer con éxito.
Ahora se ve el objetivo de la visita que, sólo unos minutos antes, se había parado para contemplar un curioso escaparate. Allí mismo, clasificados por números de pie, montones de botas de goma verdes y linternas esperan usuarios. Nadie sabe lo que va a encontrar en el interior, por lo que el equipamiento provoca un murmullo general de asombro.
Una vez preparados con todo el equipo necesario para la excursión, comienza la visita. Todo está muy oscuro y sólo cuando los ojos empiezan a acostumbrarse a la oscuridad se distingue el estrecho camino lleno de barro por el que debe continuar la comitiva. Las botas y las linternas son, desde luego, elementos indispensables. Y, pese a ello, los luceros apenas alumbran parte del techo y la espalda del compañero de delante. Pero nadie se queja por el camino. De hecho, la excursión parece una aventura alejada de cualquier rutina.
Después de un recorrido sinuoso, el grupo llega al final de la ruta. Uno a uno, los visitantes trepan por una escalonada pared para ver el agua que cae por una pequeña cascada. Y, poco después, media vuelta por el mismo camino.
Tras la caminata, se escucha el gruñido protestón de más de un estómago, que sólo apacigua su furia al comprobar que el Ayuntamiento ha dispuesto a la salida unos bocadillos de carne y pimientos, un melocotón y agua, cómo no. Hay agua embotellada y agua recogida de los tres manantiales que desembocan a la entrada de las cuevas. Sin embargo, sin tiempo a hacer la digestión, los autobuses llegan, dispuestos a continuar la visita. De esta forma, a las 12.30 horas, el grupo desciende de los autocares en la depuradora de aguas residuales de Crispijana. Allí, se informa sobre el Plan Futura, continuación del Plan Integral de Ahorro de agua del 2004-2008. Este último supuso una reducción de un 8% del consumo total de agua en la capital alavesa.
Visto el éxito del primero, con el siguiente plan se quiere fomentar la eficiencia en todos los aspectos relacionados con la gestión del agua. Eficiencia en la sensibilización a los ciudadanos, en la minimización del consumo, en la calidad, en la recuperación de costes o en el trabajo directo con la población.
Después de la información y de los datos ofrecidos por los integrantes de la depuradora, llega la degustación de aguas. Mejor dicho, llega la teoría de cómo realizar una sencilla cata del líquido elemento para luego poder realizarla correctamente. Al parecer, las aguas son diferentes, todas tienen un sabor y un olor diferentes, que se desprenden al calentarla 45 grados.
Unas son amargas, otras ácidas; unas saben a hierba y otras a madera. Hay de todo, pero todas tienen que pasar los más exhaustivos controles de calidad para llegar a las bocas de los ciudadanos.
Así que, para que todos los invitados descubrieran las singularidades de las aguas de los distintos sitios de España, la depuradora de Crispijana organiza una degustación. Las aguas son de Zaragoza, Murcia, Barcelona, de la propia Amvisa y del Gorbea. Pero la cosa no acaba ahí. La organización no se conforma con una simple cata, y realiza un concurso en el que cada invitado debe descubrir de qué lugar proviene cada agua.
Como los niños con un juguete nuevo, tanto los concejales del Ayuntamiento como los periodistas degustaron las distintas aguas, una tras otra, intentando descubrir cuál es la del Gorbea, baja en mineralización y en sodio y de una calidad excepcional, según informaron los expertos.
El último paso fue apuntarlo en un papel que sirvió para realizar el sorteo. El premio para el ganador fue un viaje, aunque todavía se desconoce el lugar.
Seguramente, unos acertaron en sus respuestas y otros no. Pero lo cierto es que las depuradoras de algunos lugares de España deberían intentar mejorar el sabor de sus aguas.
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