
Aunque parezca un contrasentido, el cierre de Garoña ha dejado pequeño el histórico debate de Nucleares sí, nucleares no si éste no se integra en un planteamiento mucho más amplio encaminado a resolver la gran cuestión. ¿Cómo será el modelo energético del que nos debemos dotar para sostener el actual ritmo de consumo en un escenario en el que los combustibles fósiles se agotarán en el plazo de 50 años, y en el que las energías renovables no garantizan por sí solas el suministro dónde y cuándo se necesita?
Hace tiempo que otros países como Francia o Alemania se hicieron la pregunta que estos días ronda por la cabeza de los responsables del Gobierno español que, por primera vez, parece plantearse seriamente la necesidad de concebir una estrategia energética con categoría de cuestión de Estado. Desprovistos del sesgo ideológico y el cortoplacismo electoral que enturbian el debate, cuatro expertos se han reunido la Universidad de Deusto -dentro de los Foros de Debate ESIDE- para analizar la creciente preocupación social sobre cómo cubrimos la demanda energética y sus efectos ambientales. De su exposición se pueden extraer varias conclusiones.
En primer lugar, que el consumo de energía fósil no puede seguir aumentando indefinidamente; que en el futuro las renovables serán cada vez más importantes; y que, hoy por hoy, todas las fuentes de energía -incluida la nuclear- son necesarias. Pero la ecuación y su hipotético resultado dependerá en gran medida de un cambio en las pautas de consumo energético.
En opinión de Gorka Bueno, responsable del Foro Energía de EI-SEV y profesor de Tecnología Eléctrica en la UPV, "debemos ser más austeros en nuestro consumo y forma de vida" y que ese sacrificio se "reparta con justicia". En ese escenario, en el que "se vivirá un proceso de desglobalización" deberemos consumir menos energía "que tendrá que ser sobre todo de origen renovable", además de cambiar nuestra forma de entender el transporte. Aun y todo, Bueno es consciente de que "¡Los milagros no existen! Las energías renovables tienen límites y presentan problemas tecnológicos, que habrá que ir superando".
Felipe Rebollo, presidente de APROMA y gerente del área de Ingeniería de la Universidad de Deusto, comparte la visión del poder que tienen los usuarios y los estados para condicionar ese futuro modelo energético por su capacidad de compra.
Si los usuarios apuestan por la energía limpia, entonces se deberán "corresponsabilizar" con sus costes, como en Alemania donde existen dos tipos de tarifas, una más cara para las energías renovables dirigida "a la gente concienciada, dispuesta a pagar más por una energía que genera menos residuos".
En cualquier caso, todos los expertos coinciden en que la factura de la luz experimentará un considerable incremento porque se vende por debajo de su valor. "Un dato, se está pagando la electricidad por debajo de su precio, va a subir, debe subir", reflexiona Francisco Albisu, catedrático de Ingeniería Nuclear de la ETS de Ingeniería de la UPV, defensor de una estrategia energética a largo plazo, donde la nuclear tenga su espacio junto a las renovables.
"El tempo político es muy lento y como las elecciones son muy rápidas, las cosas pueden cambiar. Creo que en la cuestión de la energía nuclear hay un populismo clarísimo, y los políticos definen las estrategias energéticas en función de si cierro tal o cual central nuclear por lo que hipotecan el futuro energético". Una energía, la nuclear, que si algo tiene de positivo es que aporta estabilidad al sistema, frente a la naturaleza impredecible de energías como la eólica, la biomasa o la solar, cuyo desarrollo parece haberse estancado en el Estado porque el I+D+i de las placas fotovoltáicas es de Alemania que, además ha deslocalizado su producción a China. Por tanto, se da la paradoja de que uno de los países de la UE con más horas de sol, compra un producto tecnológico ya hecho, cuyos beneficios van a parar a los bolsillos de terceros países.
Según el profesor Bueno, "vivir de las renovables es como trabajar a destajo", pese a tener numerosas ventajas: "La renovable es alta tecnología, en general muy eficiente, y sus flujos no cuestan dinero", al contrario que ocurre con el petróleo, cuyos precios están sometidos a los grupos de presión de los países productores. Aun así este experto es consciente de que la nuclear seguirá jugando un papel importante en la transición hacia el modelo sostenible ideal, aquel en el que el 80% proceda de energías renovables y el 20% de las fósiles.
Su opinión se basa en el estudio interdisciplinar elaborado por el MIT en 2003 que dibujaba el desarrollo de la energía nuclear mundial entre 2005 y 2050, un horizonte en el que se prevé triplicar el parque nuclear con reactores de segunda generación y en el que será imprescindible un régimen de comercio de emisiones de CO2. Su actualización de 2009 empeora el diagnóstico y alerta sobre los riegos que podría acarrear la proliferación nuclear. "En esa evaluación, dicen, que habría entre uno y cuatro incidentes graves por la fisión del núcleo", lo cual "es inaceptable". La prueba de que ese riego es real ha sido la reciente fuga radiactiva de la central nuclear de Ascó, un incidente que afortunadamente no tuvo consecuencias en la población.
Especialmente interesante son los resultados de Eurendel, la primera encuesta que se ha realizado para analizar las tendencias en el sector energético en la UE y en el que han participado 3.400 expertos de 48 países. La novedad consiste en que en su elaboración se contrastó las previsiones tecnológicas con las visiones de una sociedad cambiante. Raquel Serrano, consultora de Prospektiker, empresa que lideró el proyecto, afirma que los aspectos que más influirán en ese futuro "serán las acciones en respuesta al cambio climático y el apoyo político al desarrollo sostenible".
Según dicho estudio, la mayor parte de los desarrollos tecnológicos tendrán lugar entre 2020 y 2030. Además existe alto consenso con relación a los que permitirán la eficiencia energética, como el uso de la biomasa entre 2011 y 2020 para calefacción y distribución de calor y para las pilas de combustible en un 25% de los vehículos entre 2020 y 2030. Esta experta comenta que "despierta menos consenso el tiempo de consecución de las tecnologías marinas, el hidrógeno como fuente de energía y la fisión nuclear". Serrano comenta que "hay un amplio escepticismo (43%) sobre la posibilidad de que se consiga las terminales de gas licuado". Además, el 25% de la comunidad científica muestra sus dudas sobre la hipótesis de que los biocombustibles supongan el 25% del transporte rodado en Europa.
En opinión de esta consultora de Prospektiker, "tenemos que tener en cuenta a la hora de esbozar el escenario energético futuro no sólo la consecución de determinados desarrollos tecnológicos que nos van a permitir la mayor o menor utilización de una energía u otra, sino el modelo de sociedad que queremos: un modelo más individualista, un modelo de sociedad con una visión más medioambiental o un modelo basado en valores como la equidad o la cohesión social". Según el estudio Eurendel, en el que ha participado, la visión del modelo futuro para Europa adquiere diferencias cuando se analiza el lado de la oferta y sobre todo las energías nuclear, carbón y gas. "El gas es muy importante en la visión individualista pero no es tan positivo en la medioambiental o en la social". La biomasa y otras renovables cobran mucha importancia en la visión medioambiental pero no son tan importantes en la visión social, con un enfoque más centrado en su potencial en la creación de empleo y cohesión de las áreas rurales, dice.
El director técnico del Máster en Ingeniería del Medio Ambiente y Gerente del Área de Ingeniería de la Universidad de Deusto opina que "es impensable un futuro energético sin energía nuclear. El debate que se plantea en estos momentos es cuáles son las técnicas energéticas más adecuadas. En este debate lo que falla, donde el esquema hace aguas, es en la parte de planificación de una estrategia energética a nivel de país. Otros países, como Alemania, apostaron ya hace años por una política energética de Estado, y tampoco tenemos que olvidarnos de que Francia, con el monopolio estatal de la energía, lo que hace es una política estatal en este ámbito. Lo que se echa de menos en las decisiones puntuales, como el impulso de algunas renovables y no de otras, es en qué estrategia se inserta esa decisión y cómo nos puede ayudar o no a cumplir el reto de esta sociedad desarrollada para proveerle de energía barata y medioambientalmente responsable y duradera para las generaciones futuras".
Este catedrático considera que en el caso del Estado español "es imprescindible desarrollar las energías renovables, para entre otras cosas, bajar sus precios porque las subvenciones se irán cortando. Con el tiempo, en España tendrá que haber un tercio de la energía de origen nuclear, otro tercio de origen fósil, gas fundamentalmente, y otro tercio de energía renovables, principalmente hidráulica. Esa puede ser una mezcla posible y deseable para España. Francia tiene un nivel muy alto de participación nuclear en la producción energética, un 80% y eso no lo van a modificar. En Suecia ya han suprimido la ley o el calendario para el cierre de las centrales que tiene, y lo han retirado. En Alemania sí hay un acuerdo de cierre dentro de varios años y no se si eso lo van a cambiar o no. Parece que en Europa existe la decisión de relanzar el programa nuclear, como en Inglaterra que a pesar de que tiene 13 ó 14 centrales nucleares activas, hace mucho que no abre nuevas; o en Italia que no tiene nuclear y Polonia donde también empiezan".
A juicio de este profesor de Tecnología Eléctrica en la UPV/EHU, "la sostenibilidad implica dos problemas. Hay un lema en el mundo de la sostenibilidad que dice que hay que potenciar la producción local y reducir el consumo. Producir implica aprovechar los recursos de la energía renovable y reducir el consumo implica utilizar los flujos energéticos con más cabeza. Hay que tender a ser una sociedad muchísimo más austera y sobre todo que no dependa constantemente de consumir cada vez más energía. Yo creo que ese es el problema, por lo que debemos a ir a un nuevo escenario en el que no estemos obligados a consumir más energía". Según Bueno, muchos flujos de energía en la naturaleza como la energía solar interceptada por la Tierra o la energía vinculada al ciclo del agua, que no pueden sustituir de forma sostenible el consumo de combustibles fósiles que representa 370 exajulios al año. La pregunta es: "¿Estamos dispuestos a prescindir del consumo desmesurado actual y del confort del que disfrutamos?".
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