
Galdos posa con su camiseta talismán antes de partir hacia Seúl.Foto: a.l.
vitoria. Jamás hubiera imaginado que viajaría al otro lado del mundo para desplegar su habilidad con un volante -la especie de pelota alada que se golpea en el bádminton-. Reconoce que su nivel está todavía a años luz de los asiáticos, los reyes de este deporte. No obstante, se muestra esperanzado por superar otro desafío en su vida.
Campeón de España y componente de la selección española en tres categorías -individual, dobles y parejas mixtas-. Pero, ¿cómo llegó su afición por el bádminton?
Siempre he sido de jugar con raquetas. Antes de mi accidente ejercía de presidente en el club Mikonos de frontenis y organizaba torneos. También he practicado mucho el squash, aunque es un deporte muy agresivo para las rodillas. También jugaba a pala. Y quizá por eso de llevar siempre una raqueta llegué al bádminton en sillas de ruedas.
¿Buscó esa modalidad tras su accidente en bicicleta?
Surgió de repente. Un amigo había ido a una concentración en Andalucía y probamos un día. Lo de la silla de ruedas era una novedad y también coger todos los trucos. El primer año que acudí al Campeonato de España aprendí lo que es disputar un partido sin sistema anti-vuelco. El segundo, me tocó en cuartos de final el que sería luego el campeón y, al menos, salí satisfecho porque logré hacerle un set. Y eso me dio confianza para seguir, entrenar más fuerte con la ayuda de Dina Abouzeid y ganar este año.
¿Se lo esperaba?
Lo cierto es que estamos cuatro o cinco jugadores con un nivel muy parecido. Cualquiera puede vencer en una eliminatoria. Esta vez tuve la fortuna de que gané los puntos decisivos.
¿Qué se necesita para destacar en esta especialidad deportiva?
Se requiere rapidez, buenos reflejos y una técnica depurada. Esas cualidades definen a los mejores. El volante engaña mucho. Parece que todo va a cámara lenta pero nada de eso. Siempre tienes que estar con las manos en las ruedas de la silla y sacar muy rápido el brazo para golpear a tiempo. Hay que ser muy veloz.
Su título de campeón le ha otorgado el pase al Mundial. Sin embargo, tenía otros pretendientes...
En dobles, las parejas pueden estar compuestas por individuos de diferentes países y hace unos meses me llego une-mail de Francia para comentarme la posibilidad de acudir con un jugador galo a Seúl. Pero, bueno, no lo vi muy claro y lo descarté. Pero quién sabe si en el futuro...
¿Con qué se conformaría en Seúl? Ganar lo veo imposible. Voy a intentar hacer los máximos tantos posibles. Para mí sería todo un éxito poder hacer 15 tantos a cada rival con el que me cruce en el Mundial.
¿Tanto nivel existe en el panorama internacional?
Sí, desde luego. Nuestro problema es que apenas hay torneos para competir y mejorar nuestro nivel. Además, necesitamos acudir a eventos internacionales para adquirir experiencia y progresar. Ahí se ven las diferentes formas de sacar de los rivales, su fuerza, sus técnicas y movimientos, sus dinámicas de entrenamiento... Hay países donde el bádminton está muy arraigado y el nivel es altísimo. En Alemania, un torneo al que acudí el año pasado, me crucé con un jugador de Sri Lanka, que llevaba sillas en muy malas condiciones, y sin embargo me dio una paliza. Lo importante de acudir a este Mundial es que me va a servir para coger experiencia.
Va a llevar una camiseta con un elefante a Seúl. ¿Por qué eligió el paquidermo?
En mi tiempo libre hago tallas de madera. Cuando hacía la rehabilitación en el Hospital Santiago, un celador me dibujó un elefante y sobre esa imagen realicé un pequeño joyero de madera. Desde entonces, he hecho un montón de elefantes. Espero que me dé suerte, aunque ahora también me he pasado a los rinocerontes.
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